Carta a mi conocido, querido gran desconocido.

Ayer cuando cogí de las manos a mi abuela me dijo que era muy bonita, y que me portaba muy bien con ella, pero que no sabía cómo me llamaba. De repente, se han borrado sus recuerdos, algunos, demasiados a mi parecer. Al rato sí recordó su pequeño pueblo malagueño y me miró entre confundida y aliviada, para decirme que yo había pasado muchos veranos en ese lugar con ella. Sé que hizo un esfuerzo inconmensurable para recordar mi nombre y qué lugar ocupo en su vida. Mi abuela lleva ya casi un siglo a sus espaldas y la dicha de haber sido ella siempre, libre y sin filtros. Ahora yo reflexiono y me doy cuenta de que escribo de casi todo y todos, tengo un miedo innato al olvidar mis recuerdos, a olvidar lo que soy. Y esto me ha animado a escribir una carta, sin nombre, sin dirección, ni remite, sencillamente una carta a mi “Querido conocido, gran desconocido”.

En algún lugar, a 23 de Enero de 2017.

Querido conocido, gran desconocido:

Soy yo, esa rubia despeinada, bueno, tú ya no te acuerdas. Estaba recordando a ese conocido con el que atesoré recuerdos y me angustió pensar que te hubieras convertido en un desconocido. Dame sólo cinco minutos antes de romper esta carta y caer en el olvido de nuevo, sólo quiero hacerte pensar que tú, yo y todos en alguna ocasión hemos sido presente y rumbo de la vida de alguna persona. Hemos sido eco, caricia, voz norte y razón de la sonrisa de otro. Me niego a creer que con un parche, o tapando ventanas queramos olvidar recuerdos, y me niego a creerlo más si cabe cuando los recuerdos son bellos, me niego a hacerlo cuando todavía me siento viva. Para mí las personas, los recuerdos, las experiencias siempre suman. Soy curiosa, ávida de cualquier aprendizaje. Nunca intento olvidar, por más que duela el recuerdo, porque todo eso que duele, que siento, que fuí, es parte de lo que ahora soy, y posiblemente, en un algún momento tú tuviste algo que ver en ello.
Dudo que abras esta carta, dudo hasta que la recibas, dudo de que aunque si así fuera la quisieras leer o recordar mi nombre. De mi parte decirte, a ti, a ti, a ti, y a ti, y a ti, que yo no te olvido, que soy esto en parte gracias a ti. Llegaste a mi vida a sumar y sí, todavía me acuerdo. Cada nombre, cada piel, cada sábana, cada olor, cada noche y tantos días, cada caricia, cada susurro sois vosotros y yo. Y me enorgullece haber sumado y haber conocido “conocidos”, luego cada cual elige su camino, y siempre hay quien prefiere empañar momentos y borrar recuerdos para ser ese perfecto y frío desconocido. A mi me sobran motivos para recordar a tod@s que me construyeron y construyen.
Si todavía sigues leyendo y si he cautivado tu curiosidad déjame decirte, no restes, avanza, continúa y suma. No me dejes caer en el olvido, hoy tú también eres lo que eres un poco, una pizca, gracias a mí. No frenes tus ganas jamás, y nunca te arrepientas de no haberlo intentado. Vive, recoge la pequeña esencia de los detalles y conviértelos en piezas de ese gran puzzle que llamamos memoria. Yo elijo recordar, elijo sentirme viva, elijo que seas una suma en mi vida. Vive, porque en ocasiones la puta vida nos roba lo único que realmente poseemos, nuestros recuerdos. Vive y continúa siendo ese conocido con el que mi vida un día se tropezó.

Peor que el olvido es elegir quitarse las ganas de recordar.

P.D: Recuerdos de mis momentos contigo.

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