Y para ti…?

Para cura de humildad, la de un canalla desnudo cuando se enamora.
Para coraza, la de la vida de una puta sin cama ni sábanas blancas.
Para ignorancia, la de quien no besa para no amar.
Para valentía, la quien espera y apuesta todo al mismo número.
Para miedo, el del momento de decir “te quiero” lazándose al vacío del silencio.
Para dolor, el de la indiferencia de un abrazo que no llega.
Para adiós, la despedida del amigo que se fue en vida y “a galope”.
Para vacío, el lado de la cama que tú llenabas, y ahora está frío.
Para calvario, el de sentir esas manos en tu piel, pero nunca las de él.
Para ganas, todas de ti.
Para desolación, la de la traición de quien creíste amigo.
Para decepción, la de la mirada hacia el pasado con preguntas sin respuestas.
Para suerte, la que te labras o te joden.
Para eterno, el recuerdo del primer beso.
Para bonito, la sonrisa de un hijo.
Para mentira, la de “no es por ti, es por mí”.
Para flor bella, la que encuentras bajo tu almohada tras la batalla entre sábanas.
Para sonrisa, la de llevarme hasta la orilla de tu playa para compartir la inmensidad de tu mar.
Para letras, las del joven que escribió cartas de amor que nunca envío.
Para canción, ese tema con el perdiste la virginidad en el asiento trasero de un coche.
Para cielo, el que se hace interminable escenario a lomos del hierro negro con el ruido familiar de esa vieja moto.
Para melancolía, la del recuerdo de una tierra que dejaste atrás y el olor de una higuera en verano.
Para norte, el que pierdes cuando te dejas llevar.
Para temblor, el de mi cuerpo cuando tus manos leen mi piel.
Para esperanza, la del que siempre pierde pero aún recuerda el sabor aquella victoria.
Para tatuaje, el del corazón roto, que no lleva ni tinta, ni color, ni piel.
Para llanto, el de la impotencia cuando se esfuman sueños entre tus dedos.
Para amanecer, el que se vive sudando entre sábanas enrolladas a nuestros cuerpos.
Para libro, ese que leo, releo, y lloras, y sientes, y ríes y nunca olvidas.
Para caricia, la de mi mano furtiva debajo de la mesa y tus mejillas sonrojadas.
Para valor, el de quien salta a la piscina, aún llena, aún vacía, simplemente salta.
Para tentación, la del mordisco del unos labios en rojo carmín.
Para belleza, la de las marcas que van surcando nuestras pieles a través de los años.
Para detalle, ese que pasa inadvertido para todos y sólo es visible a ojos de los amantes.
Para podrido, el alma de quien nunca supo cuidar a un amigo.
Para jadeo, el de la puta enamorada abierta de piernas que sólo responde a tu nombre.
Para locura, la del hombre que pierde la razón si es que algún día la tuvimos.
Para voz, la del maestro, las del sinigual Sabina.
Para súplica, la mía, de rodillas, postrada frente a nadie.
Para muerte, la de una vida de frivolidad fingida abriendo piernas, mendigando amores.
Para amante aquel capaz de enervarte, adorarte, follarte y marcharse.
Para pérdida la del que tuvo todo y no lo supo cuidar.
Para joya, la del hombro leal de un amigo.
Para respuesta, la de la pregunta que nunca te atreviste a hacer.
Para coraje, el de una madre herida con su hijo entre brazos y llorando sin consuelo.
Para caos, el de mis letras, mis caderas y mis labios por debajo de tus sábanas.
Para eterna, tu lengua entre mis piernas.
Para destino, el que te labras cosechando sonrisas cada día.
Para golpe bajo y duro, el de primer “no” a una rubia engreída.
Para desamor, el de abril, irónicamente plantado con una flor entre tus manos.
Para genio, el irrepetible, único y singular Dalí.
Para ciudad, esa que tiene tanto de mí como yo de ella, Madrid.
Para luz, la de claridad de la verdad.
Para maleta, esa cargada del peso de una conciencia manchada.
Para amargura, la de imaginar no volver a verte.
Para morbo, el del que no cede a pesar de la tentación.
Para ignorancia, la del habla sin experimentar.
Para libertad, la que del que derriba sus propios límites.
Para sabio, aquel que sin saber leer, respeta, tolera, ama, perdona y no juzga.
Para versos, los de aquel que quisieron callar y ahora leemos en alto, Lorca.
Para única, la sensación de perder el control a tu lado, cuando antes ni hubiera parpadeado.
Para desastre, el de cuando suena Chopin y amanece mientras yo sigo desnuda en tu cama.
Para lascivo con las letras, el grande, el viejo, el que marca la diferencia, Bukowski.
Para viaje, ese que a todos nos queda pendiente hacer algún día con amigos y sonrisas.
Para cruel, la mirada de un niño que perdió demasiado pronto su inocencia.
Para regalo, tú cuando me lees.
Para polvazo, ese del cuerpo que tiene más cabeza que polla.
Para dulce, la inocencia de una lolita en bragas de algodón blanco.
Para juguete, el de aquel año en esa inolvidable mañana de reyes.
Para huracán, el mío cuando entré en tu vida.
Para deseo, ese que aún no pudimos cumplir.
Para noche, la que acabas amaneciendo a kilómetros de tu casa y en una playa.
Para cigarro, el que fumo cuando me levanto y todavía no siento tu dolor.
Para ilusión, la del que cree que mirando a otro lado todo se olvida.
Para orgullo, el de ser yo misma, aquí, fuera, contigo y sin ti.
Para abrazo, el de un amigo, que se mantiene ahí, a pesar de la adversidad.
Para lucha, la de los que aún creemos en un mundo mejor.
Para dudas, las de quien se arranca el corazón, ama y lo hace sin condición.
Para paciencia, la que aprendes bofetada tras bofetada.
Para borrachera, aquella que te pillaste el día ese que te dejaron por primera vez.
Para riqueza, la de avanzar, sumar y deshacerte de esas inútiles propiedades clasistas.
Para colección, la de hombres sin nombre, camas y zapatos.
Para pecado, el recuerdo de ese tipo de piel oscura que se convertía en manjar de dioses entre mis manos.
Para satisfacción, la de ensañar a decir un “te quiero” aunque nada nos ate, aunque no nos volvamos a ver, aunque nunca seas para mí y mañana no recuerde ni tu nombre.
Para voz rasgada, la de una mujer, la de la fuerza, la de la inmortal Janis Joplin.
Para cordura, la del loco que decide vivir ajeno a lo moral, las costumbres, normas y las reservas de una perdida sociedad.
Para aburrido, el que no cambia nada por miedo, ignorancia ó pusilanimidad.
Para copa, la de champaigne francés en familia en aquel brindis.
Para amistad, la de compartir el cigarrito de la risa.
Para cuento el de Cenicienta, llamadme puta, princesa o soñadora.
Para infinito el del escote de tu vestido preferido sobre mi espalda.
Para cada cual su vida, para ti la tuya, y para mí la mía.

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