Un tímido beso

Un tímido beso desató nuestras ganas…me besaste. Fue el punto de partida para aferrarme a tu cuello y jugar con mi lengua en tu boca, dejándonos llevar. En seguida tuvimos la incesante necesidad de despojarnos de nuestra ropa, tu camiseta cayó al suelo y yo desabroché mi blusa mientras estaba sentada sobre tus piernas. Unos desatados instantes de besos, mordiscos y caricias prosiguieron antes de que cayéramos excitados en la cama…Me ocupé de ayudarte con ese vaquero, arrancártelo con las ganas, las mismas que mis manos tenían por sujetar tus deseos más firmes, y deshacerte de la ropa. Mientras, tú arrancabas lo que aún cubría mi piel…y de repente estábamos desnudos y agitados, yo sobre tu cuerpo, meneando mis caderas provocando tus anhelos. Fue entonces cuando mi humedad se rozó en tu sexo, buscó la caricia inquieta de tu pene, y comencé a gemir bailando mis movimientos sobre ti. Me ofreciste tus dedos en mi boca y los lamía lasciva a la vez que notaba como buscabas mi deseo y tu placer, y en una sola maniobra conquistaste mi cuerpo y penetraste tu erección, no puede por mas que ahondar mi gemido a la vez que me embestías llevando tú el ritmo, sujetando mi menudo cuerpo anclado al tuyo. Frenaste en seco, y me tomaste del pelo, tiraste de él hacia atrás y arqueé mi espalda ofreciéndote la mejor forma de entregarme a ti, quieta, tuya y complaciente. Embestiste con fuerza y arrojo, era nuestro momento…y tú el que decidías cuando culminarlo, y ese justamente el instante en el que mi esencia se derramaba y tu apretabas nuestros cuerpos, fundidos, exhaustos…jadeantes. Tus dedos húmedos salieron de mi boca, la que habías poseído mientras poseíste mi cuerpo.
Me hice a un lado de la cama y dormí, segura y junto a ti, entre tus brazos, mientras dibujabas sueños en mi espalda.

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