Espero

Y no sé como decirte que ahora te estoy esperando con sed de ti, sabiendo que en breve llegarás. La boca se me hace agua recordando tu piel. Mi entepierna se humedece, y por un momento pienso que sobran las bragas.

¿Para qué?

¿Acaso algún día te has parado a observarlas antes arrancarlas?

Me quito las bragas. Te espero. Mi coño palpita, te llama. Te desea. Una de mis manos se acerca a mi sexo, se moja, y ya sabes lo que me enloquece probar de mi sabor en mis labios. Sí, sí y sí, jodidamente excitada para ti.

¿Y si te espero desnuda en el sofá masturbándome?

¿Y si me corro con mis dedos y pruebas el sabor de mi placer cuando llegues?

Ven, ven, ven ya por favor. Mi boca te reclama, mis pezones se erizan. Siento la necesidad de desnudarme, de que sepas al verme que soy tuya y sólo tuya nada más contemplarme.

Pero de repente recuerdo que siempre me cuidé del hombre que sabía escribir hasta que te conocí.
Y también recuerdo eso tan tuyo de “la nena es un poco de todos y un mucho de nadie” antes de follarme.

Joder, te pienso, te huelo, te recuerdo, te espero.

La puerta se abre, escucho tus pasos. Espero, sentada, temerosa, ansiosa. Y de repente descubro ese maldito brillo en tu media sonrisa de canalla. Sé lo que quieres, buscas, deseas; y soy para ti.

Y noche tras noche soy la Lolita de tus sábanas, esa de la que nunca escribes pero siempre te corres en ella.
Esa Lolita de la novela que leíste a escondidas, en tu cama, siendo un adolescente, elevando tu polla hasta la corrida.
Esa niña mujer que anhelabas y posees.
Esa puta tuya y zorra de todos.
Esa musa negra de tu perdición y la que mejor abrillanta la venas de tu polla.
Esa pequeña tentación de los grandes pecados.
Esa, esa, esa nena que sigue atada a sus letras.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *